El camino del guerrero protección
Para aquellos que no lo sepan, World of Warcraft ó WoW, es el juego online masivo más jugado de la historia. Adicionalmente es un entretenimiento que es capaz de mantenerme absorto durante horas y al que me dedico diariamente.
Hecha esta pequeña introducción, al lío. Mi primer personaje fue un rogue elfo de la noche. No recuerdo las razones que me llevaron a escoger precisamente esa clase y esa raza, pero en su momento tenían suficiente peso para mí así que eso escogí. El rogue (o pícaro) es una clase debil fisicamente, pero capaz de hacer bestialidades de daño. Sigilo y dagas envenenadas. Un asesino vaya. Alguien cuya función en un grupo es hacer que la vida del jefe enemigo de turno baje lo más deprisa posible. Alguien que aparece por detrás y antes de que te des cuenta de lo que pasa estás besando el suelo. Una maravilla.
Bien, el caso es que lo subí hasta el nivel máximo, que en aquella época era 60. Tuve mucha suerte dado que tenía amigos dentro del juego y el guild que escogí se ajustaba perfectamente a mi andadura "cassual" por el juego. Pero el caso es que me apetecía hacerme otro personaje, alguien con quien me sintiera más a gusto. Y no es que el rogue fuera una mala opción, pero quería algo que siguiera siendo un luchador cuerpo a cuerpo (tendencia que no ha cambiado con el paso de personajes) pero que fuera capaz de aguantar más. Y entonces apareció mi pequeña guerrera, una monada de gnoma capaz de enfrentarse a casi cualquier cosa.
Fue bastante más complicada de subir que el rogue. Por aquel entonces el nivel de dificultad general del WoW era mayor que el actual y subir los personajes no era facil ni rápido. En el caso del guerrero esa dificultad se multiplicaba. No es una clase sencilla de jugar. Pero tiene una mecánica que me encanta y que se reduce a lo siguiente: de primeras puede hacer muy pocas cosas. Pero en el momento en el que ataca o le atacan comienza a llenarse una barra roja que tiene el sugestivo nombre de "Ira", la cual activa habilidades. Casi todas las habilidades del guerrero tienen un coste de ira. Dicho de otra manera, cuanto más "cabreado" está el guerrero más poderoso se vuelve. He probado prácticamente todas las clases que el juego ofrece, pero ésta es con diferencia la mecánica que más me gusta.
Esto implica una cosa: todas las demás clases comienzan el combate al máximo de habilidades.
a) Las clases con barra de maná comienzan con ella al máximo.
b) El rogue comienza con su barra de energía al máximo.
c) El caballero de la muerte comienza con todas sus runas listas.
El guerrero no. El guerrero comienza el combate con lo puesto. Es pegando y recibiendo daño como se gana el derecho de pegar más y más fuerte. Y pegando más y más fuerte se hace más poderoso aún.
Me gusta. Me gusta mucho.
Pero hay otra vertiente del guerrero que me gusta aún más que todo lo anterior: la capacidad de aguantar considerables cantidades de daño sin despeinarse.
Lo sabe. Y le gusta.
Mi pequeña guerrera es protección, un personaje estupendo. Detrás, manejándola, estoy yo. Y hacemos un buen equipo. Ella es buena, y yo tambien. Ponednos un sanador detrás y un enemigo delante. Ese de ahí está pidiendo una operación estética y se la vamos a hacer a escudazos. ¿Listos?
*sonrisa*
Bien, entonces... ¡A LA CARGA!
Hecha esta pequeña introducción, al lío. Mi primer personaje fue un rogue elfo de la noche. No recuerdo las razones que me llevaron a escoger precisamente esa clase y esa raza, pero en su momento tenían suficiente peso para mí así que eso escogí. El rogue (o pícaro) es una clase debil fisicamente, pero capaz de hacer bestialidades de daño. Sigilo y dagas envenenadas. Un asesino vaya. Alguien cuya función en un grupo es hacer que la vida del jefe enemigo de turno baje lo más deprisa posible. Alguien que aparece por detrás y antes de que te des cuenta de lo que pasa estás besando el suelo. Una maravilla.
Bien, el caso es que lo subí hasta el nivel máximo, que en aquella época era 60. Tuve mucha suerte dado que tenía amigos dentro del juego y el guild que escogí se ajustaba perfectamente a mi andadura "cassual" por el juego. Pero el caso es que me apetecía hacerme otro personaje, alguien con quien me sintiera más a gusto. Y no es que el rogue fuera una mala opción, pero quería algo que siguiera siendo un luchador cuerpo a cuerpo (tendencia que no ha cambiado con el paso de personajes) pero que fuera capaz de aguantar más. Y entonces apareció mi pequeña guerrera, una monada de gnoma capaz de enfrentarse a casi cualquier cosa.
Fue bastante más complicada de subir que el rogue. Por aquel entonces el nivel de dificultad general del WoW era mayor que el actual y subir los personajes no era facil ni rápido. En el caso del guerrero esa dificultad se multiplicaba. No es una clase sencilla de jugar. Pero tiene una mecánica que me encanta y que se reduce a lo siguiente: de primeras puede hacer muy pocas cosas. Pero en el momento en el que ataca o le atacan comienza a llenarse una barra roja que tiene el sugestivo nombre de "Ira", la cual activa habilidades. Casi todas las habilidades del guerrero tienen un coste de ira. Dicho de otra manera, cuanto más "cabreado" está el guerrero más poderoso se vuelve. He probado prácticamente todas las clases que el juego ofrece, pero ésta es con diferencia la mecánica que más me gusta.
Esto implica una cosa: todas las demás clases comienzan el combate al máximo de habilidades.
a) Las clases con barra de maná comienzan con ella al máximo.
b) El rogue comienza con su barra de energía al máximo.
c) El caballero de la muerte comienza con todas sus runas listas.
El guerrero no. El guerrero comienza el combate con lo puesto. Es pegando y recibiendo daño como se gana el derecho de pegar más y más fuerte. Y pegando más y más fuerte se hace más poderoso aún.
Me gusta. Me gusta mucho.
Pero hay otra vertiente del guerrero que me gusta aún más que todo lo anterior: la capacidad de aguantar considerables cantidades de daño sin despeinarse.
Un guerrero correctamente especializado como protector coge su escudo y su espada, se saca pensativamente una maltrecha colilla de la boca y se la coloca en la oreja, echa un vistazo a la monstruosidad de cinco metros de alto que aguarda el ataque un poco más allá
, se vuelve hacia el grupo, esboza una sonrisa tranquilizadora, y se lanza a la carga. Su función es recibir los golpes, mantener a ese demonio salido del inframundo y a sus ataques, los cuales obliterarían a practicamente cualquier otro, centrados en él, con una sonrisa en la cara y diciendo "Venga, seguro que puedes hacerlo mejor pequeño". Protege al resto del grupo. Sabe que su función es la de ser el saco de boxeo de ese cruce de toro y locomotora, que su misión es aguantar las leches de esa monstruosa torre de fuego con cara de mala leche, porque nadie más puede hacerlo, que su grandeza es precisamente que esas leches solamente le caigan a él.
, se vuelve hacia el grupo, esboza una sonrisa tranquilizadora, y se lanza a la carga. Su función es recibir los golpes, mantener a ese demonio salido del inframundo y a sus ataques, los cuales obliterarían a practicamente cualquier otro, centrados en él, con una sonrisa en la cara y diciendo "Venga, seguro que puedes hacerlo mejor pequeño". Protege al resto del grupo. Sabe que su función es la de ser el saco de boxeo de ese cruce de toro y locomotora, que su misión es aguantar las leches de esa monstruosa torre de fuego con cara de mala leche, porque nadie más puede hacerlo, que su grandeza es precisamente que esas leches solamente le caigan a él.Lo sabe. Y le gusta.
Mi pequeña guerrera es protección, un personaje estupendo. Detrás, manejándola, estoy yo. Y hacemos un buen equipo. Ella es buena, y yo tambien. Ponednos un sanador detrás y un enemigo delante. Ese de ahí está pidiendo una operación estética y se la vamos a hacer a escudazos. ¿Listos?
*sonrisa*
Bien, entonces... ¡A LA CARGA!